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Biografías |
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Dr. Félix O. Pitterson Santiago
Por Bibiana Hernández Suárez |
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Aunque su apellido es confundido a menudo con el de la familia Peterson, también de Puerta de Tierra, el Doctor Félix O. Pitterson es amigo de ellos y es uno de muchos puertaterrenses cuyas vidas demuestran lo que vale ser una persona amante de sus raíces, y distinguida no sólo profesionalmente sino también a nivel humano y social.
Félix Oswaldo Pitterson Santiago, hoy psiquiatra jubilado, nació en Cayey el 5 de agosto de 1940, siendo el menor de cuatro hermanos, dos hembras y dos varones. Félix vive muy orgulloso de ser descendiente de esclavizados, ya que su abuela, “ciudadana danesa que habla inglés” procedente de Santa Cruz, aparece inscrita en el censo de la isla de Culebra en 1910, y su padre, don Félix Pitterson, estuvo entre los primeros oficiales afroamericanos que sirvieron en la Marina de los Estados Unidos durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales.
La mamá de Félix, doña Consuelo Santiago, descendiente de menorquines, era natural de Guayama. Ella y su familia trabajaban como obreros en la industria tabacalera en Cayey. El padre de Félix se encontraba en la base del Navy Henry Barracks de Cayey, y en ese pueblo conoció a doña Consuelo. Posteriormente contrajeron matrimonio, y llegaron a Puerta de Tierra en 1940, casi acabando de nacer Félix. Vivían en la Calle San Juan Bautista, donde ahora se encuentra el estacionamiento del restaurante “El Hamburger”.
Félix estudió en las escuelas Brumbaugh y Barbosa, en el Colegio San Agustín y en el Robinson. Posteriormente comenzó sus estudios en pre-medicina en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, continuándolos en Salamanca, España. Luego fue residente en Psiquiatría en el hospital Cornell Medical Center de Nueva York, y realizó una subespecialidad en Psiquiatría Comunitaria en la Universidad de Harvard. Contrajo matrimonio en Boston con su esposa doña Luz Cuadrado Aponte y llevan casi medio siglo de feliz unión.
Félix ejerció su profesión en Boston, las Islas Vírgenes Estadounidenses y luego en Puerto Rico en el Hospital de Veteranos hasta que se jubiló en el 2011. Pero siempre guarda muchos recuerdos de nuestro barrio y se siente muy orgulloso de haberse criado en él. Con mucha alegría indica: “Recuerdo las temporadas de juegos de béisbol con bola de trapos, los yo-yos, los trompos, las chiringas, la pesca y la natación en la pocita de Bajamar, los juegos de voleibol en la Brumbaugh, los juegos de baloncesto en el canódromo, en el colegio y en la YMCA con los González, las fiestas patronales, y las Fiestas de Cruz que se hacían en el solar que estaba donde ahora está el Dispensario. Recuerdo al Doctor Picó, que era generalista y sólo cobraba un dólar a quien pudiera pagarle, a Pedro Ocasio, el hijo del dueño del Palladium, a los hermanos Méndez (José y Joaquín), a Cándida Guzmán, a Pedro Malavé, a Gilberto Marrero, y a Mavi Toro.
También recuerdo a la costurera que guiaba rosarios y tenía una cotorrita que se aprendió los rosarios y los rezaba también. Pero mis recuerdos más significativos son los del Hotel Hemisferio. Mis padres eran los dueños. Por eso en el Colegio me decían ‘blanquito’ y, aunque siempre fui de los primeros en mis clase, peleaba mucho pues eso para mí era un insulto racista. Eso lo aprendí con mi padre mientras crecía y trabajaba con él en el hotel. Era una hospedería de ambiente familiar en la que se cobraban $5.00 la noche a dos personas, y $2.50 a huéspedes solos. Como mi papá sufrió discrimen y racismo durante su servicio militar en el Navy por ser afrodescendiente, él siempre quiso tener puertas abiertas para todo tipo de huéspedes sin fijarse en raza, color, nacionalidad o género. Dos huéspedes destacados que tuvimos fueron el beisbolero Willie Mays y la cantante Marian Anderson, ya que en ningún otro hotel los admitían por su color. En el Hotel Hemisferio tampoco se permitía el discrimen por clase social, ya que también se hospedaban en él muelleros y obreros que trabajaban en el barrio mismo. Mis padres eran muy humildes pero también muy íntegros, honestos, responsables, empáticos, tolerantes, generosos, y así nos criaron, con esos mismos valores por los que vivía la gente de Puerta de Tierra. Es por eso que vivo tan orgulloso de mi barrio”.
El Doctor Félix O. Pitterson, puertaterrense casi desde el nacer, es otro ejemplo de la crianza y los valores que Puerta de Tierra tendrá por siempre.