El fortín de San Gerónimo, en el extremo oriental de la isleta de San Juan, ha sido escenario de mucha actividad en las pasadas tres semanas.
Los obreros han eliminado la vegetación que crecía sobre el techo y en el patio. Otros trabajadores han quitado cuidadosamente los ladrillos del deteriorado techo. En la galería, detrás de los tres grandes arcos que dan al patio, los carpinteros están serruchando grandes vigas de ausubo sacadas de
la estructura.
Toda esta actividad es el inicio del trabajo de reparación que el Instituto de Cultura Puertorriqueña ha empezado para conservar el fortín y prepararlo para usarlo como un pequeño museo militar.
Por algún tiempo el fortín ha estado cerrado para los visitan tes debido a que el techo estaba en tan mala condición que hubiera sido peligroso dejar que la gente caminara por allí. La reparación del techo y de dos o tres grietas en las paredes exteriores eran imperativas.
Después que se termine con la parte superior del fortín para que la gente pueda entrar con seguridad, el Instituto empezará a trabajar las murallas exteriores. El doctor Ricardo E. Alegría, director del Instituto, dice que el museo incluirá una pequeña exhibición de armas, mapas y planes militares de las fortificaciones de Puerto Rico, preparada con el fin de demostrar la posición de la Isla en la defensa del imperio español en los si glos 16 y 17, y espécialmente el papel que desempeñó San Gerónimo en la primera línea de defensa de la ciudad.
Las armas serán de diferentes periodos y se incluirán armaduras, cascos, arcabuces, lanzas, etc. Habrá algunas banderas usadas por soldados españoles en las
Américas, modelos de uniformes de diferentes periodos, y otros artículos relacionados con la vida militar en Puerto Rico. Se colocarán cañones también en la batería del fortín.
El trabajo de reparación está a cargo de F. W. Loesche, con asistencia de F. López Tirado. El fortín es tan pequeño que cualquiera puede darle la vuelta en pocos minutos. Una garita de centinelas está localizada en la esquina al noroeste del nivel alto y un muro al norte, protegía a los soldados del fuego de los barcos enemigos. En los lados del este y sur hay siete troneras, las que testimonian el propósito del fortín: evitar la llegada de atacar a San Juan por el Este.
Dede esas troneras uno puede ver las olas moviéndose hacia el Boquerón, brazo de mar que penetra en la Laguna del Condado, y las marejadas que se estrellan sobre las rocas cerca del puente Dos Hermanos.
Fue aquí que los soldados españoles en 1797 rechazaron el ataque de los ingleses bajo el mando de Sir Ralph Abercromby, poco después de ser construido el Castillo de San Gerónimo por el ingeniero militar don Ignacio
Mascaró y Homar alrededor de 1771 o 1788. Según el arquitecto Mario J. Buchiazzo, lo defendía el propio jefe militar que lo construyera, pero fue tan averiado que el gobernador Castro tuvo que repararlo casi íntegramente entre 1799 y 1804.
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